La Guardia Civil detiene a un presunto terrorista y pocas horas después lo lleva al hospital donde le aprecian serios traumatismos. La Guardia Civil reconoce que sus agentes son los responsables de los golpes y los justifican porque el delincuente quería escapar. El juez investigará el asunto. Aunque por el momento se aprecia un error: la policía debe detener a los terroristas sin causarles daño.