El bien

Según las estadísticas de la página web de este periódico ya somos 15.000 personas las que nos hemos interesado por esta noticia: Scarlett Johansson y Sean Penn ya no se esconden. Dice mucho a nuestro favor que en la valoración que hacemos de la noticia no la hemos considerado «imprescindible». O sea, entendemos que es posible participar en una tertulia sin saber que dicha pareja ya no se esconde y no por ello ser considerados mal informados. Pero eso no quita para que hagamos un clic entre tanto Sortu, tanta corrupción y tanto silencio de Rajoy y echemos una canita LEER MÁS

Nosotros

Los escándalos de corrupción acabaron con la era socialista de Felipe González. Él mismo lo ha admitido con el tiempo, como también ha admitido (cosa que creo) que su tendencia a delegar en otros contribuyó a formar a grandes políticos pero también a que se cometieran muchas tropelías que no estaban sometidas al necesario sistema de control. De cualquier manera, una sociedad civil que aún tenía por costumbre reaccionar ante los malos usos de una joven democracia castigó al jefe, que es, al fin y al cabo, el último responsable.

Estancados

España es ese país que se engolfa en su estancamiento. Perdón, decir España es mucho, mejor hablar de sus más vistosos grupos sociales, prensa y clase política. Engolfados estamos y estaremos en ese ponzoñoso asunto de las conversaciones del Gobierno con ETA. De nada sirve que, según rezan las encuestas, los españoles sitúen hoy el desempleo, el desencanto político o la corrupción como algunas de sus principales preocupaciones: si hay una voluntad de políticos y opinadores de colocar de nuevo, como tema prioritario, las maniobras del Gobierno con los terroristas, el resto de nuestros intereses serán aparcados. Utilizar el terrorismo LEER MÁS

Insostenible

Nadie sabe cómo va a reaccionar ante una situación dramática. Nadie lo sabe. Más nos vale no presumir jamás de valentía. Pero sí se sabe algo de cómo se responde colectivamente a una catástrofe. Cuando se hablaba estos días pasados del ejemplar comportamiento del pueblo japonés, yo recordaba esos dos grandes atentados que viví de cerca, el 11 de septiembre neoyorquino y el 11 de marzo madrileño. Un sentimiento de solidaridad contagioso inundó las dos ciudades y no se puede decir que se produjera una respuesta histérica: a pesar de que Manhattan es una isla; a pesar de la inaceptable LEER MÁS

Asustados

En ocasiones el mundo nos viene grande. Una catástrofe como la ocurrida en Japón, observada desde la barrera, nos conduce a pensar que hasta el país mejor pertrechado tecnológicamente es vulnerable a la brutalidad de un azote imprevisible de la naturaleza. De pronto, lo que no ha sido barrido por una gigantesca ola es amenazado por la radiactividad y lo que antes fuera el escenario de múltiples vidas se convierte en un territorio fantasma. Dado que comprender el alcance de tanto dolor ajeno es imposible y que el sentimiento de solidaridad siempre contiene una especie de alivio vergonzante por no LEER MÁS

El genio

El día en que se hicieron públicas las perlas que el genio Galliano soltó por la boca imaginé cuántos subordinados de supuestos genios que hay en el mundo creativo estarían pensando, si yo hablara de mi jefe… No hay nada más corrosivo para un carácter narcisista que un grupo de aduladores sirviéndole de escudo ante la realidad y atribuyéndole el papel de genio en la comedia humana. Es una palabra corrosiva. Genio. Una palabra pronunciada alegremente por aquellos que viven tan encerrados en el mundo de la moda, por ejemplo, que no pueden pensar ni por un momento que tal LEER MÁS

Boy

Cuando escuchamos a un negro americano pronunciar el célebre «hey, man», lo interpretamos como el «oye, tío» que tantas veces aparece en nuestro idioma. Pero el hecho de que ese «man» sea más común entre los negros tiene una dolorosa razón de sobra conocida en los Estados Unidos: no hace tantas décadas que los blancos utilizaban el «boy» para dirigirse a un negro. Ya podía el negro ser un anciano que nunca abandonaba su categoría de «chico», siéndole negada de por vida la mayoría de edad. Los negros sustituyeron con el apelativo «hombre» aquel humillante «chico» al que tantas veces LEER MÁS

Cáncer

Cáncer, esa palabra: se utiliza cuando se habla de supervivientes y se borra cuando se ha cobrado una vida. El eufemismo «larga enfermedad», usado con la buena intención de no desanimar a los que luchan contra ella, ha conseguido el efecto contrario: perpetuar el tabú en torno al nombre que la define y, por tanto, a la propia dolencia. Precisamente el día en que Esperanza Aguirre anuncia que se tiene que operar de un cáncer de mama ando yo leyendo un libro que ofrece una reflexión sobre las trampas del pensamiento positivo. Se trata de Sonríe o muere, de Barbara LEER MÁS

Abucheos

Hay un actor español que dentro de poco se presentará de esmoquin en la gala de los Oscar. La ideología, contra lo que se suele creer en España, no se lleva ni en la ropa ni en las formas. Alguien que «sabe estar» no es de derechas ni de izquierdas, es, simplemente, más educado. En los países en los que el cine forma parte intrínseca de la cultura popular eso se entiende perfectamente. Lo entienden los integrantes del gremio. Saben que no solo se hablará de los premios, también de los vestidos, las joyas, las miradas, la simpatía o la LEER MÁS

Aire fresco

Poco a poco el español se tendrá que ir vacunando contra esa desconfianza que le produce el que se va a vivir fuera. Provocaba una simpatía lógica el obrero que se veía obligado a emigrar al norte de Europa en los años del desarrollo, y un resquemor torvo quien se marchaba por aburrimiento o porque buscaba nuevos horizontes en un tipo de trabajo cualificado. Hoy sigue siendo una experiencia común a aquellos jóvenes profesionales que trabajan en el extranjero que, al volver a su pueblo o a su barrio, se les desautorice cuando opinan sobre algo que sucede en España: LEER MÁS

Hacer y destruir

Hacer siempre es difícil. Hacer una mesa sólida, dar una buena clase, preparar una comida sabrosa, escribir un artículo redondo, pintar un cuadro misterioso, cortar un vestido elegante, crear una novela memorable, componer una canción para recordar. Hacer algo bien es siempre difícil. Pero, si me apuran, aunque el resultado no apunte a la excelencia, la mesa no sea práctica, la clase resulte tediosa, la comida insulsa y la canción olvidable también habrá detrás un trabajo. Hacer supone un riesgo. No siempre los resultados son como uno espera. Sea como fuere, me merecen más respeto los que hacen que los LEER MÁS

Humo

Vaya por delante que pertenezco a ese tipo de personas que si se puede fumar un pitillo después de una cena se lo fuma, y que si está prohibido, se contiene. No lo cuento porque sea un hecho de interés general sino por aclarar dos cosas: no mantengo una posición fanática antitabaco, y me encuentro entre ese gran grupo de ciudadanos de carácter flexible, mucho más numeroso, por cierto, de lo que podría pensarse si uno diera crédito a la versión de que aquí hay dos bandos, el de los amantes de la libertad y el de los defensores de LEER MÁS

Hijos en propiedad

«¿Qué tal el colegio?», le preguntas al hijo de algún conocido. Y entonces, antes de que ese niño logre vencer su barrera de timidez y contestarte, hay una madre o un padre que responde: «Pues estamos muy contentos porque íbamos un poco flojillos en matemáticas, pero, como nos hemos esforzado, al final, lo hemos sacado. Así que estamos la mar de contentos». Soy muy sensible a la ñoñería, cuando escucho ese plural maldito somatizo la gran incomodidad que siento y noto que parpadeo demasiado por no saber bien adónde mirar para escapar de la vergüencilla ajena. Es curioso, ese plural LEER MÁS

Lo inviable

A raíz del cierre de CNN +, un canal en el que se podía escuchar a seres humanos debatir de asuntos de actualidad sin esa ira que ha convertido la tertulia en espectáculo, mucha gente que conozco ha comentado la orfandad ética y estética en la que nos va dejando un presente en el que solo tiene derecho a existir aquello capaz de competir con lo masivo. Hace años, los teóricos de la comunicación auguraban un futuro en el que tendrían cabida canales especializados que satisfarían las necesidades culturales concretas. El tiempo les ha dado la razón solo en parte: LEER MÁS

Sospechas

Si hay alguien que debería mostrarse decepcionado por los hallazgos de Wikileaks es aquel que posea una mente conspirativa. Detrás de este goteo diario de valoraciones diplomáticas «secretas» que ya seguimos como si fuera un serial presumimos que hay mentes capaces de componer atinados retratos psicológicos, con un conocimiento nada desdeñable de los países en los que tratan de influir y un espíritu diligente. Pero nada que nos confirme que Elvis vive, que llega la fecha de descongelación de Walt Disney o que cierto día de septiembre ningún judío acudió a trabajar a las Torres Gemelas. Lo que vienen a LEER MÁS

Mar de dudas

Hay personas a las que no les cabe la menor duda. Tiene su lógica. Son personas tan sobradas de razones que no tienen sitio en su cerebro para albergar una duda, por muy pequeña que sea. A ese tipo de personas las llevo rehuyendo desde niña. En mi juventud me acomplejaban; ahora, me aburren. Fundamentalmente. Creo que a ese tipo de personas se las observa con más claridad cuando se llega a la madurez: tienes la oportunidad de ver cómo actúan en un ciclo de vida amplio. A mí me ha dado tiempo, por ejemplo, a tener que soportar la LEER MÁS

‘Happiness’

En patera. La versión última del Nacimiento ha sido protagonizada por una criatura de origen nigeriano. Casi cuatro kilos de bebé. Qué fuertes han sido: la madre, muerta de miedo y de dolor en la oscuridad oceánica, alumbrando a quien no quería esperar más para venir al mundo; la niña, con la asombrosa fortaleza gatuna de los bebés. Hasta cuando son abandonados en la basura maúllan para reclamar un dueño. Heladita y morada llegó Happiness (con nombre tan prometedor la rescataron de las aguas) a los brazos del guardia civil Carlos Puche. Varios centímetros de cordón umbilical colgaban aún de LEER MÁS

Medio muertos

El niño de El sexto sentido veía gente muerta. Yo veo gente medio muerta. La suelo ver por los aeropuertos. No es que padezcan ninguna enfermedad física, es más bien una nube que les rodea y acorcha sus sentidos. No son turistas. Son profesionales para los que el mundo se ha convertido en el patio de su casa. Hoy están en Argentina, mañana en Japón. Mientras al turista se le aprecia ese grado de excitación que experimenta el que se sale de su rutina, el hombre al que me refiero se mueve como si le estuvieran dirigiendo por control remoto. LEER MÁS

El silencio

Siento una profunda curiosidad por los asistentes a los mítines. Me gustaría saber cómo hacen para que su pasión por un partido no decaiga. Me recuerdan a aquellas damas que por mucho que el marido les pusiera los antiguos cuernos (ahora cachos) se sentían compensadas con la dudosa honra que les otorgaba el apellido del varón y el orgullo de tener sus camisas colgadas en el armario. Amor ciego.

Saber o no saber

En una librería neoyorquina, McNally Books, en donde la literatura en castellano ha conquistado un espacio, nos reunimos para hablar en torno a un libro. Muchos españoles, la mayoría jóvenes, y la mayoría de esos españoles, científicos. Investigan sobre sida, memoria emocional, cáncer, memoria espacial… En los primeros tiempos disfrutan de su experiencia, a partir del tercer año comienzan a preguntarse por qué no pueden ejercer su profesión en casa. Vivir en Nueva York es excitante pero duro, agotador. Lo paradójico es que conforme su nivel de capacitación va subiendo, las posibilidades de encontrar trabajo en nuestro país decrecen. Les LEER MÁS