La propia agencia estadística de la Comisión Europea (Eurostat) ha demostrado en sus análisis que los costes laborales en España están entre los más bajos de la UE y la Eurozona. Los salarios, las inversiones de los empresarios en el resto de las condiciones laborales y todos los costes derivados del trabajo no son los responsables del hundimiento de las empresas y de la crisis. Por el contrario, el empobrecimiento de la población trabajadora y el deterioro de la situación contractual de los empleados y de su posición en la empresa tienen efectos perniciosos sobre el rendimiento y la productividad en el centro de trabajo. Es la falta de demanda, como consecuencia de este empobrecimiento de la clase trabajadora precisamente, la falta de créditos bancarios a las empresas y a las familias, las dificultades burocráticas para iniciar actividades económicas, y una posible gestión empresarial equivocada unida a unas políticas fiscales mal orientadas, que gravan terriblemente a las pymes, micropymes y familias mientras hacen la vista gorda con las grandes corporaciones, los factores que están destruyendo el país.